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Consejos y claves para afrontar un parto

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Todas las mujeres se plantean alguna vez como serán los dolores del parto, sobre todo cuando se quedan embarazadas. Es normal haber escuchado a alguna que otra mamá diciendo que fue horrible, unos dolores espantosos o incluso que no sabe cómo habría afrontado la situación sin la epidural.

Cuando yo me quedé embarazada de mi primer hijo también pensé mucho en cómo podían ser esos dolores, pero comenzó a rondarme más a menudo la cabeza a medida que se acercaba el momento.

Para intentar solucionar mis dudas y, cómo no, ese “miedecillo” que produce, iba preguntando a quien pillaba a mi alcance. Creo que no soy la única que le ha ocurrido esto cuando se quedó embarazada ¿no? La cuestión es que aunque todo el mundo te cuenta sin problema lo mal que lo pasó, nadie te dice pues yo hice “esto” y “lo otro” y conseguí afrontar el dolor a pesar de su intensidad.

Lo normal es oír cosas del tipo “es como una regla pero a lo bestia” o “es como tener una gastroenteritis tremenda y no saber ni cómo ponerte” o incluso “lo pasé tan mal que decía a gritos que me lo sacaran como fuera”. En definitiva entras a paritorio deseando ver a tu hijo, pero con la cara que pondrías si te abdujera un extraterrestre.

Todo comenzó cuando me bajaron a paritorio para inducirme el parto y me rodearon tres señoras que no se qué o quienes eran. Me dicen que me van a preparar y que en breve llamarían a mi marido. Prepararme consistía en ver cuanta dilatación tenía, ponerme una vía y los monitores para ver al niño, todo esto las tres a la vez, cada una por un lado. Yo, cual parturienta asustadiza (por decirlo finamente), les pregunté que cuando comenzaría a doler, pero a doler de verdad… y su respuesta fue algo así como “no tengas prisa, que te vamos a poner la oxitocina y ya mismo estás pidiéndonos la epidural a gritos”.

Se puede decir, que ya era un auténtico flan, no podía ni respirar acompasado y empezaba a rondarme por la cabeza el no saber si sería capaz de afrontar el dolor.

A las dos horas o así de comenzar con la inducción me dicen que van a romper la bolsa para acelerar las contracciones y así fue, en menos que canta un gallo tenía una contracciones fortísimas. Estaba andando por el paritorio y me fui a la cama porque no aguantaba de pie.

Cada vez estaba más nerviosa pensando hasta donde llegaría ese dolor y cuando se me pasaría. Empecé a dar vueltas por la cama, todo me molestaba y pedí que, por favor, llamasen al anestesista para que me pusiera la epidural.

Durante el tiempo que esperaba a que viniera el médico se intensificó aun más los dolores de las contracciones y me levanté para ir al baño, por lo que me tuvieron que quitar los monitores. Cuando me volví a tumbar en la cama me dio una contracción tremenda y justo en ese momento llegó una enfermera muy desagradable que me dijo que cambiará de postura que me iba a poner los monitores. Le dije “un momento!!”, con voz tan de ultratumba que la enfermera dejó de insistir de esa forma tan “borde”.

Por fin, después de un buen rato, llegó el anestesista. Las contracciones en ese momento eran tan fuertes que me costaba aguantar la postura necesaria para que pusiesen la epidural. Una vez administrada fue cuestión de tiempo, en pocos minutos comenzó a hacer efecto y fue tan efectiva que me sentía incluso somnolienta.

A partir de este momento no sufrí más dolores fuertes en el resto del parto, ni siquiera durante el expulsivo. Todo terminó muy rápido y sin problemas y en poco tiempo tenía a mi precioso bebé en brazos.

En mi segundo embarazo, ya era consciente de lo que significaba un parto, por lo que desde el principio intenté trabajar mucho el control del dolor. Era consciente de que la primera vez no lo había hecho como debía.

El nerviosismo, desconocimiento y miedo se apoderaron de mí y con todo eso lo único que conseguí fue un dolor aun más intenso. Como psicóloga, sabía que el dolor está en nuestra mente y si era capaz de controlar mi mente sería capaz de controlar el dolor.

Me dije, ya sé de qué se trata, se donde duele y la intensidad de los dolores de parto, pues voy a visualizar ese momento. Hacía ejercicios mentales en los que me veía dando a luz de nuevo, pero esta vez era capaz de controlar el dolor y, por último, justo antes de entrar repasé un par de premisas importantes que debía tener en cuenta, que son:

• Todo mi esfuerzo es importante para que mi hijo nazca sano y no tenga problemas durante el parto que le puedan causar algún daño.
• Sé qué es un momento difícil y doloroso, pero terminaré conociendo a mi bebé al que llevo tantos meses queriendo ver.

Y entonces… Llegó el momento, me provocaban el segundo parto. La verdad es que la cosa no comenzó muy bien, tuvieron que pincharme seis veces para ponerme la vía. Después de eso parecía un colador y más tarde se transformaron en hematomas con los que aparentaba que me habían dado una paliza en lugar de haber tenido un niño. Pero cuando se fueron los sanitarios y ya me dejaron a solas para dilatar, me concentré, recordé todo lo que había trabajado en mi mente y conseguí relajarme.

Cuando las contracciones aumentaron de intensidad decidí sentarme en el borde de la cama y cada vez que me venía una contracción respiraba tranquilamente mientras que me balanceaba hacia los lados. Entonces, llamé a la matrona para pedirle que me pusieran la epidural.

Durante el tiempo que tardaban en ponerme la epidural pude aguantar como una supermamá tanto los dolores como la postura y os puedo asegurar que me fue mucho más fácil que la primera vez. Aunque las contracciones seguían siendo muy fuertes, empecé a notar algo de alivio, pero duro poco… la intensidad del dolor volvió a aumentar y la matrona me dijo que la epidural no estaba haciendo todo el efecto que debía, que se me habría ido la anestesia hacia un lado.
A pesar de todo seguí relajada y, entonces comencé a notar que junto a las contracciones me venían unos extraños mareos. Llame a la matrona y mi sorpresa cuando me dijo que mi bebé tenía la cabeza casi fuera. Normal, me estaban entrando unas ganas tremendas de empujar.

Sabía que el expulsivo me podía doler, pero entonces recordé un programa que pusieron hace tiempo sobre partos, en el que una chica casi pierde a su bebe por no empujar ni colaborar en el parto y dije “mi niño sale de aquí perfectamente, ya que voy a relajarme y controlaré la situación sin problema”. Pues así fue, la matrona me dijo que siguiera sus ordenes a raja tabla para evitar desgarros y eso hice. Me concentré tanto que, aunque la epidural no me hubiera hecho efecto, me olvide de dolor y me centré en hacerlo perfectamente.

Como conclusión, deciros, que la base de todo está en nuestra cabeza. Sé que la teoría es muy fácil y la práctica no tan fácil, pero se trata de trabajarlo todos los días.

Tenemos que visualizar como afrontaríamos esas situaciones que nos son complicadas, para que el día que tengamos que enfrentarnos a ellas seamos capaces de hacerlo tan bien como en nuestras visualizaciones.

Para finalizar voy a enumerar las claves que para mí fueron fundamentales para afrontar los dolores del parto:

• Tener pensamientos positivos, como: ya mismo veré a mi bebé o va a salir todo rápido y bien.
• Tener una respiración tranquila y sobre todo acompasada.
• Cuando tengamos que realizar determinadas acciones, como empujar o respirar, concentrarnos en la acción y no en el dolor.
• Colocarte en la postura que te sea más cómoda, siempre que te sea posible.

¿Cómo afrontasteis vosotras los dolores del parto? ¿Conseguisteis mantener los nervios o queríais agarrar del cuello a todo el que se os acercaba?

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