Educación

Experimento de Milgram

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Quizás os sorprenda escuchar a una madre decir que no quiere que sus hijos sean obedientes,pero cuando terminéis de leer este post puede que penséis de otra manera.

Imágenes reales del experimento de Milgram

Cuando estaba estudiando la carrera de psicología nos mostraron un vídeo sobre un famoso experimento de los años sesenta. El autor fue Stanley Milgram un psicólogo Estadounidense que investigaba sobre la psicología social, este decidió hacer un experimento para intentar responder a la pregunta de ¿Por qué personas normales y corrientes habían sido capaces de llevar a cabo atrocidades como las sucedidas en el holocausto nazi?

Milgram lo realizó de la siguiente manera: se trata de un experimento trucado en el que participan tres personas, el experimentador, el alumno y el maestro. El experimentador es quien guía el experimento, el alumno es un cómplice y el maestro es la persona a quien se le realiza el experimento (es el sujeto de estudio).

El experimentador explica al maestro que debe realizar una serie de pruebas al alumno y en el momento en el que se equivoque y de una respuesta incorrecta debe darle una descarga. Esta descarga debe aumentar en potencia cada vez que el alumno cometa un error.

Distribución de los individuos en el experimento

Todo es una situación simulada, el maestro creerá que le está dando las descargas al alumno y este simulará los gritos y quejas propios de la situación.
Cuando el maestro se niega a seguir dando las descargas al oír las palabras de sufrimiento y mal estar del alumno, el experimentador entra en juego y, con diferentes frases, insiste al maestro para que continúe con las descargas.

El experimento termina cuando el maestro se niega después de que el experimentador no consiga convencerlo mediante esas frases de que continúe con las descargas, o bien que realice una descarga al alumno de 450 voltios (máxima potencia del experimento) en tres ocasiones.

Los resultados fueron impactantes, el 65% de los maestros aplicaron un voltaje de 450 a sus alumnos a pesar de saber que esto les podía causar daños graves o incluso la muerte. Además ningún participante paró antes de los 300 voltios, momento en el que el alumno dejaba de dar señales de vida (siempre dentro de la actuación simulada que hacía el mismo)

Después de ver lo ocurrido en el experimento, Milgram elaboró dos teorías complementarias para interpretar estos resultados:

La primera de ellas es la teoría del conformismo, que explica cómo una persona que no tiene las habilidades necesarias para tomar una determinada decisión, transferirá esta al grupo y su jerarquía. De este modo el grupo pasa a ser un modelo a seguir, lo que haga el grupo será lo que hará el individuo.

La segunda es la teoría de la codificación, en la que Milgram expresa que la obediencia ciega se produce en el momento en el que el individuo se considera un mero instrumento y por lo tanto no es responsable de sus actos. La responsabilidad la refleja en la persona que le está dando las órdenes. Esto explicaría como en situaciones de guerra o similares existen personas capaces de agredir a otras inocentes y desarmadas, sin plantearse que ellos son responsables de sus propios actos, a pesar de las órdenes que hayan recibido.

¿Cómo podemos relacionar esto con nuestros hijos?

Hoy en día vivimos en una sociedad llena de estereotipos, de modas, de una constante clasificación de las personas… Todo esto es causa de inseguridades, muchas personas viven en mayor o menor grado sometidas al “qué dirán?”, al querer “encajar” en el grupo y esto se incrementa mucho más cuando la personalidad aún está en pleno momento de formación, donde es más fácil ser moldeado, es decir en los niños y jóvenes.

Con lo cual, no es de extrañar que con frecuencia se dejen llevar por lo que piensa la mayoría, por lo que el grupo va determinando e incluso por los que consideran superiores (o líderes del grupo).

Se llega a opinar y realizar conductas de las que no se está muy convencido por el simple hecho de seguir formando parte del grupo. Suele ocurrir que quien es más fiel a sus principios y opiniones, si no tiene las características de líder, será victima de situaciones de discriminación o exclusión de los grupos.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos?

Siempre hay que valorar la individualidad y personalidad de nuestros pequeños, se trata de conseguir que tengan sus propias opiniones y criterios desde pequeños, y si piensan que algo no está bien que no lo hagan. Por lo tanto hemos de reforzar su autoestima a través de la inteligencia emocional,

¿Cómo lo hacemos?

Para trabajar la inteligencia emocional de nuestros hijos, debemos enseñarles a ser conscientes de sus emociones, deben identificarlas y aprender a gestionarlas, y para todo ello es importante nuestra ayuda. Al conseguir este dominio de sus emociones serán capaces de controlar su reacción ante las diferentes situaciones que se den en la vida, además de afrontarlas de la mejor forma posible. Puede que a primera vista, esto de la inteligencia emocional no os parezca sencillo, pero intentaré ir dando pautas para hacerlo en próximos post.

Estoy convencida de que si nuestros hijos fueran capaces de tomar sus propias decisiones sin dejarse llevar, evitaríamos muchos problemas que se dan hoy día.

¿Qué situaciones habéis vivido donde vuestro hijo se haya dejado llevar por el grupo? ¿Pensasteis que podíais haberle ayudado de alguna manera a tener criterio propio?

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